miércoles, 22 de noviembre de 2017

Parras en el Trópico

ENTREVISTA DE LUIS MOJEDANO DELGADO CON VIRGILIO VIDOR

1 ¿En qué consiste exactamente su trabajo?
Mi trabajo consiste en desarrollar una viticultura tropical sostenible mediante variedades autóctonas, producto de híbridos entre las vides silvestres locales en América Central, específicamente la Vitis Tiliifolia (o Caribea) y las especies de uvas comercialmente conocidas y usadas, como la Vitis Vinífera y Vitis Labrusca, entre otras. El nacimiento de una nueva viticultura tropical es urgente, para superar la forma tradicional de producción de uvas en el Trópico, que consistía y consiste en desarrollar una adaptación tecnológica cara de las variedades comercialmente conocidas (usualmente Vitis Vinífera de mesa), para que estas logren producir en las condiciones ambientales locales, mediante practicas agrícolas de alto costo. El trabajo investigativo, ha sido por lo tanto dirigido a la obtención de híbridos resistente con una calidad aceptable.

Por otro lado, los híbridos obtenidos con las uvas tropicales son más resistentes a las condiciones y enfermedades locales, necesitando menos días/frio para su desarrollo. Esto hará que en lugar de “copias aproximadas” de las uvas de climas templados, se pueda en Centroamérica, producir finalmente variedades autóctonas resistentes, con calidad y características propias, que a la larga, además de su sostenibilidad biológica y económica, produzcan una nueva cultura vitivinícola, enriquecida con nuevas variedades, además de las silvestres, semi-domesticadas y las comerciales de menor calidad, existentes. Con esto, se recuperará localmente la herencia cultural vitícola de la época precolombina y la herencia europea, en una nueva y más auténtica viticultura tropical.

A pesar de aplicarme todo el tiempo en mi pasión, mi trabajo en estos 45 años ha sido como Consultor Internacional Senior, siempre como Jefe de Misión de Asistencia Técnica Internacional de los más grandes Programas y Proyectos de Cooperación de la Unión Europea en América Central. Lo anterior, especialmente en Costa Rica, Nicaragua y Honduras. También he trabajado hace poco como Jefe de Misión en Estudios financiados por el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) en Nicaragua. Al principio (años ’70), fui Jefe de Asistencia Técnica Internacional de un Proyecto de Investigación sobre el cultivo de la vid en Costa Rica. En estos 45 años, siempre llevé conmigo en mis largas estancias en proyectos, el material vegetativo para continuar mis investigaciones.

En este momento en mi Jardín/Laboratorio “Vitis Vidor” de investigación científica, tengo cerca de 600 biotipos de híbridos tropicales, de los cuales hasta ahora hay una decena prometedores. También dentro de unas 200 diferentes variedades adicionales, he seleccionado clones de híbridos no tropicales, así como de ciertas variedades de Vitis Vinífera, con un buen grado de adaptación y buena calidad y cantidad de fruta. Toda esta base genética, sin embargo no es estática, ya que realizo continuamente nuevos híbridos a partir de la gran variabilidad existente, en la búsqueda de mejor calidad, producción, resistencia y comerciabilidad. También capacito mediante en el cultivo de la uva y los asistentes y visitantes pueden llevarse además, las plantitas de uvas que deseen.

2 ¿Cuánto tiempo tardó en desarrollarlo?
Hasta ahora, ya van 45 años, aunque subrayo que la viticultura está en los genes de mi familia desde mis ancestros, los que venían de Col San Martino (Treviso), Italia. Llegué a Costa Rica desde Fregene (Italia), con mi hermano Giuseppe y mis padres Fiorenzo y Rina. Iniciamos en 1972 las experimentaciones en nuestra finca en Playa Panamá, provincia de Guanacaste, hasta 1982. Esta primera fase de 11 años de aventuras y desafíos, fue dedicada a identificar variedades y técnicas de adaptación de las vides europeas e híbridos existentes norteamericanos. En la finca funcionaba el CEVT, nuestro Centro Experimental de Viticultura Tropical, financiado durante algunos años por los Gobiernos de los Estados Unidos y el de Costa Rica. En esta época inicié a crear mis primeros híbridos tropicales.

La duración mínima en condiciones tropicales de la experimentación de un hibrido, con plantitas a partir de semillas de variedades cruzadas mediante polinización controlada, es de 8 a 10 años. A los 4 o 5 años inicia la producción, y posteriormente se investigan, calidad, cantidad, resistencia comerciabilidad, etc. Considerando que en las uvas tropicales silvestres hay plantas separadas de diferentes sexos, con una altísima preponderancia de plantas masculinas, los híbridos de primera generación siguen este mismo patrón, por lo que es hasta los 4-6 años de sembradas, que se sabrá cuantas hembras y hermafroditas saldrán. Usualmente muy pocos. El porcentaje aumenta en los híbridos sucesivos. Es un trabajo de mucha paciencia, tiempo y recursos, considerando que casi siempre he tenido que hacerlo solo…

3 ¿Cómo se le ocurrió la idea?
Aparte de lo antes explicado anteriormente, la verdadera razón es que no fue una simple ocurrencia, sino una respuesta natural y existencial, meditada desde lo profundo de mi individualidad. Desde niño he sido reflexivo, artista, soñador y determinado, como todos en mi familia. Esto, más mi amor visceral por la naturaleza y la ciencia, fue la base que ha ido plasmando esta idea, provocada y nacida también de mi idiosincrasia, cuando a los 24 años en 1972, salí con mi hermano y mis padres para Costa Rica (no para huir, sino para encontrarme). Sentía la necesidad de perdurar la herencia cultural vitivinícola incrustada en nuestra familia desde siglos, iniciada en las tierras del famoso vino Prosecco y seguida en la Provincia de Roma. Pero esta continuidad debía tener una sostenibilidad basada integradora y no de imposición cultural.

Mi respuesta fue dentro un eslabón de unión sincrética entre la concepción y uso de la vid en la cultura precolombina, con la rica viticultura mediterránea, con la realidad latinoamericana actual. En el primer caso, como fuente de vida ligada al agua de sus pámpanos al cortarlos, que han salvado a muchos viajeros y en el segundo, como fuente de vida ligada al vino. No es casual, que la palabra Vid viene de “vitae” y en muchas culturas, esta planta tiene que ver con la vida. Percibo mi decisión como un acto de amor por la ciencia, la naturaleza y la sociedad, que me dio la clave e imaginación para lograr este reto. Sueño un futuro vitícola tropical con uvas autóctonas portadora de bienestar humano y económico para mis amigos de América Central. Efectivamente, también por sus precios locales, el futuro podría ser halagador.

4 ¿Tiene algún tipo de ayuda pública o privada?
No tengo actualmente ayuda económica pública y privada, sino colaboraciones. En los años ‘70 y ’80, hubo colaboraciones publicas más activas por parte de varias Instituciones estatales del Gobierno de Costa Rica como la Presidencia de la República, la Universidad de Costa Rica, la Oficina de Planificación Nacional, el Ministerio de Agricultura, el Instituto Nacional de Fomento Cooperativo, el Instituto de Tierras y Colonización, la Estación Experimental Fabio Baudrit Moreno de la UCR, la Oficina del Café, El Servicio Nacional de Aguas Subterráneas, Riego y Avenamiento, el Instituto Costarricense de Turismo, etc. La Embajada Italiana, me dio apoyo al inicio. La Agencia de Desarrollo de los Estados Unidos (USAID), apoyó con el financiamiento del proyecto a favor de los productores. Yo era Jefe de Asistencia Técnica Internacional.

Con nuestro Centro Experimental CEVT en los ’70 y ’80 tuvimos relaciones con las Universidades de Los Ángeles (UCLA) y Fresno (UC/Fresno). A la vez, hubo una gran amistad y colaboración en Costa Rica, con Albert Ingalls sobre viticultura tropical y su adaptación local. Actualmente se iniciaron conversaciones con el Laboratorio de Biotecnología Vegetal del Centro de Investigaciones Agronómicas de la UCR y la Institución PROINNOVA, con el posible apoyo de la Estación Experimental FBM (UCR), para una alianza en validación, inscripción, reproducción y distribución de los híbridos mejores. Hay conversaciones con el laboratorio CENIBIOT del Ministerio de Ciencia y Tecnología, análisis químicos de uvas y vinos, y filogenéticos, en relación a la tesis de un estudiante del Instituto internacional Tecnológico de Monterrey en México.

Estamos colaborando en Costa Rica con el sistema de enseñanza media superior, para un proyecto de siembra y enseñanza del cultivo y derivados de la uva tropical, fomentando la innovación productiva y socioeconómica en la juventud. En cuanto a mis investigaciones y al funcionamiento propio de mí Jardín/Laboratorio, es a través de mi propio aporte intelectual y económico, con la ayuda de amigos apasionados interesados en aprender y difundir el cultivo, participando en talleres, charlas, conversatorios y llevándose plantitas. Una ayuda grande es a través de mis seguidores en internet (especialmente en Facebook), los cuales me ayudan en la búsqueda de biotipos de vid presentes en el país, que presenten algún grado de adaptación, para enriquecer mi banco y colección genética, para la posterior creación de nuevos híbridos.

5 ¿Algún enemigo de su idea?
Todos tenemos enemigos. No hay que tenerle miedo, ni darles demasiada importancia, sino los hacemos más fuertes. Estoy bastante acostumbrado a tenerlos, siempre los tuve, especialmente en mi trabajo de Jefe Internacional de Programas y Proyectos de Desarrollo a favor de las clases marginadas, donde fácilmente hay políticos corruptos aliados con grupos de interés económico contrarios al desarrollo de los pobres. Igualmente los tuve entre los académicos mediocres que no valoran la imaginación, el arte y la naturaleza como maestra principal. Además de la ignorancia, el enemigo mayor de mi idea fue el cáncer hace unos años (pero el pobre perdió su lucha contra mi amor por la vida). Últimamente he hecho un balance entre unos y otros y me alegré de tener tantos amigos. A mis enemigos prometo tenerlos vigentes con más éxitos.



Curridabat, Costa Rica, 1° de Mayo 2017. Virgilio Vidor.Parrae

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