miércoles, 22 de noviembre de 2017

La pasada semana se conmemoró la reapertura del Teatro Real, para ello se eligió la ópera “ Carmen” y con un montaje escénico peculiar; y esto deslució al menos en la rueda de prensa, dicha efeméride, el sectario periódico regional La Vanguardia sólo quería hablar de la supresión de la ofensa a la bandera española como un ataque a la libertad de expresión viniendo a decir que ésta represión sucedía pareja con lo sucedido en una región española, donde sus autoridades regionales sin el apoyo mayoritario de la población, y contraviniendo las leyes la estaban liando parda. En una región española donde se prohíbe la libertad de negocio impidiendo la rotulación en español, un diario representante de ese movimiento se permite la caradura de venir a la capital de España a decirnos qué es libertad de expresión y que si no fuera por lo que ocurre allí nadie le hubiera dado importancia. La ofensa a la bandera requería la protesta del embajador español en Francia, y las disculpas de sus autoridades, el hecho de que el embajador no protestase no me impedirá evitar el brindis con champaña francesa en sustitución del cava antiespañol, pero no necesitamos aquí el comportamiento alucinado del gobierno regional catalán para, en caso de que se hubiera producido dicha ofensa, haber tomado las escasas medidas posibles con el paupérrimo código penal español, y por supuesto evitar tanto la asistencia como la promoción de las representaciones. Yo no considero los elementos ofensivos sin venir a cuento, libertad de expresión y mucho menos genialidad, la bandera española, la cual ningún legionario habría denigrado, al contrario, se la habría metido hasta el esófago al que lo intentare, representa a esos valerosos españoles últimos de Filipinas, cuyos gobiernos llenos de políticos mamporreros se olvidaron de ellos, a los valientes que murieron en barcos sin cañones, por áquel político ruin y sin honor, el cual dijo aquello de “ más vale honra sin barcos, que barcos sin honra” y los periodistas  pajes-pregoneros que publicaban sus falsas soflamas, y representa a los Comuneros cuya pretensión fue la de España para los españoles, y no desangrarse en Europa, a quién no comprendo es a la agencia Efe, agencia de noticias española siguiendo la trola de La Vanguardia. Parafraseando a Arturo Pérez-Reverte, me encantaría enviarle mi tarjeta y padrinos a los responsables de cometer dicha ofensa en París, pero lo que si voy hacer seguro hasta que Francia se disculpe, ( y esto vale para próximos montajes en otros lugares del mundo) es brindar con cava extremeño, y haciendo uso de mi libertad y eliminación de convenciones, prefiero brindar con el vino de pitarra de Badajoz.

        Un periodista sudamericano, inaudible ante el micrófono, no se entiende el medio ni el país, se permitió criticar, tema recurrente también, en lugar de calidad artística de la producción, la situación de la llamada violencia de género en España, cuando más de la mitad corresponde a inmigrantes que no acatan las leyes españolas, no sería de Méjico pues debería estar en Tijuana, ni de Venezuela donde no están seguros ni los caracoles, la caradura es contagiosa.

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